Con un aviso en el diario “Madrid” el 6 de enero 1799 se anunciaba la venta de la colección de “estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al aguafuerte por D. Francisco de Goya”. Una colección destinada a convertirse en una de las obras más influyentes de todos los tiempos, y obra cumbre de la historia universal del grabado.

Los caprichos son una obra emblemática dentro de la historia del arte, en ellos brota de manera espontánea y por primera vez el romanticismo al mostrar el mundo de monstruos y seres misteriosos que todos llevamos dentro de nuestros temores ocultos. Inauguran la visión del artista como un creador independiente de toda norma y encargo, que trabaja bajo sus propias convicciones, dejando fluir su pensamiento e imaginación colocando a su autor en un lugar privilegiado como precursor de la modernidad. Y finalmente en ese arte sin reglas en donde hace una crítica a la sociedad con una obra cargada de mensajes, muchos ven incluso a un precursor del Arte Contemporáneo.

Los Caprichos fueron realizados al aguafuerte, la punta seca y la aguatinta sobre láminas de cobre. El uso libre de la técnica de la aguatinta que da los tonos grises a la obra y la manera de componer con ella diferentes planos son su aporte revolucionario y original a la historia del grabado sobre metal.

La serie de 80 grabados se podía adquirir en el Nº 1 de la Calle del Desengaño en la tienda de perfumes y licores ubicada en el mismo edificio donde vivía Goya. Había sido publicada tras años de ardua preparación, como consta en diferentes cuadernos de dibujos y notas fechados desde 1776. Sin embargo, la venta pública duró solamente dos semanas, porque a los pocos días cayó el gobierno de Manuel Godoy, secretario de Estado del Rey Carlos IV, y con él cayeron los ministros ilustrados bajo cuya tutela Goya se permitió la libertad de criticar al clero, a la Inquisición, la tradición, las costumbres y vicios populares, e incluso a la nobleza que detentaba el poder. Retiradas del comercio rápidamente, las 240 colecciones sobrantes, que eran la mayoría de la edición, y las láminas de cobre fueron vendidas al Rey en 1803 a cambio de una pensión para su hijo, escapando de esa manera de la Inquisición a la que había sido denunciado por los temas tratados en estos grabados.

Posterior a la muerte de Goya, la Real Calcografía Nacional, dueña de las láminas, realizó alrededor de 13 ediciones, hasta la última en 1970. Actualmente una ley española protege las láminas de cobre como obras incunables, consideradas patrimonio de la nación, prohibiendo así sus reimpresiones.

Durante la Guerra Civil Española, Goya se convirtió en símbolo de la España republicana que resistía a las tropas nacionalistas del General Franco, que en 1937 ya sitiaban Madrid. El gobierno, buscando apoyo internacional y financiación mandó reeditar las series de Los caprichos y Los desastres de la guerra al famoso impresor Rupérez, que logró unas ediciones de buena calidad pese al desgaste de las láminas. Algunos de esos grabados se expusieron en 1937 en el  histórico Pabellón Español de la Exposición Internacional de Arte y Técnica en París, donde también se expuso por primera vez el Guernica de Picasso. La selección de 57 Caprichos que componen esta exhibición hacen parte de esa duodécima edición impresa en 1937.

La estrecha relación de Goya con la élite del movimiento ilustrado español, que promovía someter a la crítica de la razón las creencias y tradiciones heredadas del pasado, es el marco en el cual se desarrollan Los caprichos como una fuerte sátira mordaz a la sociedad española de su tiempo, por medio de un enfoque cargado de imaginación.

El significado de Los Caprichos ha sido motivo de interpretaciones muy diversas debido a la complejidad de algunas de la imágenes a cuya confusión Goya, años más tarde, agregó unas notas imprecisas conservadas en el Museo del Prado en Madrid, aumentando un hermetismo que se conserva hasta hoy. Los grabados fueron numerados en un orden diferente a como fueron realizados, quedando algunas obras de temas similares separadas entre sí, aunque hay consenso en que en los últimos 40 grabados Goya dejó volar de una manera más generosa su imaginación, alejándose de la crítica precisa de la primera mitad, más apegada al pensamiento ilustrado, y logrando en ellos unas piezas crípticas de temas oscuros, anticipándose a la llegada del pensamiento romántico.

Tratando de hacer más fácil la lectura temática de la serie se ha propuesto una museografía en la cual se agrupan obras de contenido similar, sin que por ello perjudique la lectura general de la obra.

La pertinencia de Goya hasta el día de hoy la demuestran los 24 millones de resultados que arroja el buscador Google al citar su nombre y que es, después de Picasso y Dalí, el artista español más buscado en Internet.

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