Last Updated on 28 marzo, 2022 by mimuseo

Lugar: Museo de Arte del Tolima

Fecha: 23 de enero al 13 de marzo de 2022

Curador: Darío Ortiz

Museografía: Luis Fernando Bautista

El Museo de Arte del Tolima, por primera vez en los 81 años posteriores a su fallecimiento, reúne 40 obras, entre óleos y dibujos, del importante periplo mexicano del pintor zipaquireño Federico Rodríguez, traídas a Colombia junto a piezas que fueron de su colección, entre ellas de sus amigos Julio Ruelas, Mateo Herrera y Alfredo Ramos Martínez, que se exhiben al lado de obras de sus profesores Santiago Páramo, Felipe S. Gutiérrez, José María Velasco y su condiscípulo y amigo Dionisio Cortés Meza.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el pintor colombiano Federico Rodríguez, vivió en México donde terminó sus estudios de pintura, ganó premios, pintó al presidente Porfirio Díaz, fue profesor de dibujo de José Clemente Orozco, Roberto Montenegro, Saturnino Herrán generación que crearían el muralismo y la llamada Escuela mexicana de pintura, y con ellos, junto a Diego Rivera, hizo parte de la primera revista de arte de vanguardia en México. Con prestigio de intelectual, experto en literatura, además de pintor afamado, regresó a Colombia con piezas de sus años mexicanos y numerosos trabajos de sus amigos y contemporáneos sin lograr en Colombia el nivel de prestigio alcanzado en México. Años más tarde el colapso de una represa destruyó buena parte de su colección y obra, en un estudio campestre que se había construido en Boyacá, borrando gran parte de su legado.

 

Colombia y México

Durante el siglo XIX surgió una relación singular entre la academia de arte más antigua del continente americano y la naciente formación artística en Colombia, gracias principalmente al pintor viajero Felipe Santiago Gutiérrez y a sus tres estadías en Colombia entre 1873 y 1893 que sembraron la semilla de lo que posteriormente sería la educación profesional en el campo de las bellas artes.

Felipe S. Gutiérrez había nacido en 1824 y entre los 12 y los 24 años asistió a las cátedras de dibujo y pintura de la Academia de San Carlos en ciudad de México, regentada por maestros europeos. La Academia funcionaba desde 1783 cuando fue fundada por el rey Carlos III de España.  En sus viajes a Colombia Gutiérrez fundó en Bogotá una escuela de pintura gratuita con su nombre, y en la cual nombran en 1881 de subdirectores a Epifanio Garay y a Pantaleón Mendoza.  Para su tercer viaje en 1891 ya se ha fundado la Escuela de Bellas Artes regentada por Alberto Urdaneta y estudian en ella algunos de los alumnos de Gutiérrez.

Convencido que los destacados talentos colombianos merecían una mejor formación, ayuda a que varios de ellos vayan a estudiar a México, como es el caso de Julián Rubiano y Eugenio Montoya, y en 1893 regresa a México con varios jóvenes talentosos, entre ellos, Baldomero Castro, Salvador Moreno y Federico Rodríguez, los dos primeros viajan con el apoyo del gobierno de Miguel Antonio Caro. Baldomero Castro y Salvador Moreno son patrocinados posteriormente para que vayan a estudiar a París, pero en 1895 muere Baldomero Castro y en Europa a los pocos años enloquece Salvador Moreno. De todos los alumnos de Gutiérrez que viajaron a México solamente Federico Rodríguez logrará titularse en la Academia de San Carlos y hacer una exitosa carrera de artista profesional en México durante cerca de 15 años.

Federico Rodríguez Mendoza (Zipaquirá 1871 – Zipaquirá 1941)

Créditos de la foto: Tomado de La Revista Ilustrada No. 12 del 27 de abril de 1899

Después de graduarse en Filosofía y Letras en el Colegio Mayor del Rosario, estudia en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá donde gana varios premios de pintura, escultura y ornamentación en los concursos de 1890, 91 y 92; y pintura con Felipe S. Gutiérrez cuando regresa a Colombia en 1891 . En México, en la Escuela Nacional de Bellas Artes de San Carlos, estudia paisaje con José María Velasco y figura con Santiago Rebull y José Salomé Pina graduándose en 1897 luego de ganarse un premio con su obra “Edipo y Antígona” en el Concurso Bienal de la Escuela Nacional. Allí tuvo notables condiscípulos como Mateo Herrera y principalmente Alfredo Ramos Martínez considerado el padre del arte moderno mexicano. En 1898 tiene una notable participación en la XXIII Exposición Nacional de Bellas Artes junto a lo mejor del arte mexicano del momento. Es nombrado Vice-cónsul de Colombia en México y tras un corto periodo por Estados Unidos y Europa donde realiza algunas obras, hace parte de la Asociación de Autores y Escritores que conformará el Ateneo Mexicano en 1902. Organiza la exposición postal de 1905 y desde ese año hasta 1908 es profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, al lado del catalán Antonio Fabres Costa en un momento en que se reforma y actualiza la enseñanza académica, trabando amistad con muchos de los que van a ser la primera generación modernista mexicana y posteriormente los padres del muralismo y la Escuela mexicana de Pintura.

Federico Rodríguez, junto a antiguos alumnos de San Carlos que habían terminado sus estudios en Europa, como Julio Ruelas, Leandro Izaguirre y Germán Gedovius, impulsaron el modernismo con los dibujos e ilustraciones de la Revista Moderna, en contravía de las enseñanzas rígidas de la Academia en los albores del siglo XX. Tras la enorme influencia literaria de esa publicación vino hacia 1906 la revista mensual de arte Savia Moderna, un laboratorio de pensamiento que reunió a Diego Rivera junto a Federico Rodríguez y varios de sus alumnos de San Carlos como Saturnino Herrán, Roberto Montenegro, Alberto Garduño entre otros, impulsando la producción de la nueva pintura mexicana.

Entre 1899 y 1904 Federico pinta unos retratos oficiales del presidente Porfirio Díaz muy elogiados por la prensa mexicana del momento, uno de los cuales se exhibió recientemente en el Museo Soumaya, y realiza ocho paneles de las Artes para el Palacio Nacional. Tras la muerte de sus padres y finalmente de su hermano Leonidas regresa en diciembre de 1907 a Colombia para hacerse cargo de los bienes familiares y con el compromiso de realizar un inventario de las obras de Felipe S. Gutiérrez para la Escuela Nacional de Bellas Artes de San Carlos. A su llegada es homenajeado por el gobierno de Zipaquirá e invitado al matrimonio de la hija del presidente Rafael Reyes, lo que muestra la ola de prestigio con la que llegó al país.

De su periodo mexicano la prensa de la época alaba sus yesos y acuarelas, habla de un estudio donde no faltaban los paisajes y bodegones, y cita las obras de carácter historicista Bolívar en el exilio, Ricaurte, Edipo y Antígona, el Diluvio, y La Duda donde retrata a Martín Lutero; unas de temas románticos como Tristezas, ¿Es ella?, Abandonada; y las inspiradas en los temas indigenistas que comenzaban a imponerse en el panorama mexicano como Fuego sagrado, Danza ante el rey, Sin patria, entre otras.

Tras un corto regreso a México en 1908, con el comienzo de la revolución mexicana y la caída del gobierno de su protector Porfirio Díaz, se establece en Tunja donde regenta una Academia de Pintura y Dibujo, a su vez que construye un estudio en su hacienda de Samacá, Boyacá. Realiza encargos oficiales de retratos y temas históricos para la gobernación de Boyacá y el concejo de Zipaquirá que lo alejan definitivamente de su incipiente modernismo. En 1936 el colapso de la represa El Rabanal  destruyó su casa y taller de Samacá, perdiéndose la gran mayoría de su colección y prácticamente toda la obra que había pintado hasta entonces. Enormemente afectado por la tragedia se traslada a vivir a Zipaquirá donde fallece en 1941. Su trabajo, perdido en buena parte y regado por varios países es poco conocido en Colombia. En el año 2019 herederos de la obra de Rodríguez venden las piezas que hoy se exhiben en el Museo de Arte del Tolima y posteriormente el Banco de la República adquiere 34 dibujos y 4 pequeñas pinturas para su colección permanente.

Del poco trabajo que se conserva de Federico Rodríguez se puede ver cómo evoluciona desde una pintura de corte neoclásico y academicista de pincelada suavizada enseñada por Santiago Páramo y Fillipo Mastellari en Colombia y luego por José Salomé Pina en México; a trabajos naturalistas de observación directa de la realidad, de pincelada vigorosa, acordes con la escuela española del momento promovida inicialmente por Felipe S. Gutiérrez y luego por el exigente Antonio Fabres Costa. Ejemplo de eso es la Cabeza de Mujer joven y el retrato realista de Porfirio Díaz. Un proceso donde los tonos tierras dan paso a otros más luminosos de leve influencia impresionista cuyo colorido se nota incluso en el Bolívar del Concejo de Zipaquirá de 1936. Temáticamente, más allá de las comisiones de retrato tan comunes en esos tiempos, se ve su interés en trabajar obras de contenido histórico y literario acordes con las pinturas premiadas en los salones del siglo XIX y las de corte americanista basadas en la historia Azteca que tenían entonces un prestigio creciente.

Sabemos que hizo paisajes y bodegones, sin embargo los que se conservan son acuarelas probablemente usadas como ilustraciones. Como ilustrador tímidamente se acercó al modernismo.

De todas formas, con tan pocos ejemplos que sobreviven a la destrucción de su obra en 1936, apenas si podemos dar una idea de hasta donde pudo llegar su pintura; pese a que fue uno de los artistas colombianos que lograron brillar más en el extranjero en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX.

Darío Ortiz Robledo.

 

 

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