La categoría escultura, según Rosalind Krauss, estuvo unida históricamente a la noción de monumento, concepto en el cual, señala un acontecimiento determinado y extraordinario y por tal razón siempre se ha ligado a la memoria de las comunidades. A su vez el monumento se vale de un pedestal, para aferrar la escultura a un lugar, separándolo del mundo cotidiano y elevándolo por encima de la cabeza del espectador como símbolo de singularidad, autoridad y superioridad.

La idea de monumentalidad como se concebía la escultura, fue fuente de producción durante muchos siglos en el arte occidental, práctica que cambió en la segunda mitad del siglo XIX pero que aún prevalecen algunas ejecuciones con estas características. Uno de los principales exponentes que aportó en el cambio de dirección de la escultura fue Augusto Rodin; con las piezas Las Puertas del Infierno, Balzac y los Burgueses de Callais. Con estas obras se puede evidenciar claramente que el monumento comenzó a cambiar en el sentido que el pedestal desapareció y permitió que la escultura fuese más nómada y establece una relación activa entre el cuerpo del espectador y los cuerpos representados.

No obstante, los innegables aportes de Rodin o del mismo Medardo Rosso, habrá que esperar a las primeras décadas del siglo XX para que en un complejo proceso, se creasen nexos fundamentales entre el empleo de un repertorio ampliado de materiales, temáticas y cuestionamientos, conducentes a la redefinición de la escultura. Las vanguardias históricas llevarían a cabo un repensar de la noción misma de lo escultórico, que podrían ser determinadas por tres líneas: El ensamblaje, la operación Ready made y la relación Arte e Industria.

Artistas participantes en la exposición: Ricardo Villegas, Nathaly Mena, Raúl Álvarez  Nubia Roncancio, Pepe Toledo, y Gustavo Vélez.

Curaduría: Luis Fernando Bautista – Cristhian Moreno

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *