En un corto periodo de tiempo, comprendido entre fines de los años 70 y mediados de los años 80, Patricia Bonilla realizó una de las más brillantes, sorprendentes y fugaces series fotográficas de fin de siglo en Colombia, El Colombia Color. 

La serie, exhibida parcialmente en los principales eventos internacionales de América Latina en su momento, IV Bienal internacional de Medellín (1981); XVII Bienal de Sao Paulo (1983);  II Bienal de La Habana (1986), y en varias exposiciones nacionales, permaneció oculta durante los siguientes 35 años hasta que la artista, decidió enseñarla  de una forma amplia en este año pandémico.

El Colombia color es una serie innovadora, y el mejor reflejo de su tiempo.  En los años 70, la representación de la mujer estaba siendo explorada casi exclusivamente por Clemencia Lucena y Maripaz Jaramillo. Mientras la primera hacía una crítica a la imagen de la mujer burguesa, la segunda se ocupaba de personajes marginales, principalmente trabajadoras sexuales. El realismo socialista y el feísmo, al menos en estas dos artistas, representantes de su generación, ponían la imagen al servicio de un ideario.

En contraste, El Colombia color era una apropiación posmodernista, donde se combinaban el cine mudo y policiaco, la ciencia ficción, las tarjetas postales y de visita del siglo XIX,  los álbumes familiares, las rancheras,  las telenovelas, las imágenes religiosas, el arte pop y las portadas de los álbumes de rock, y donde la mujer ocupaba, en palabras de Miguel González,  el papel de “prostituta, monja, reina de belleza, campesina, hippie, señora, sirvienta y así, hasta colmar oficios, dignidades y demás posturas que hablan de la condición femenina en sus diversas fases.”

Además, cada una de sus personajes, la cándida Eréndira, la señorita Amanda, la avioneta aburrida, la madre patria, la Míss, interpretaba un rol que se desempeñaba en un tiempo histórico muy preciso, con un trasfondo literario en escena, que podía oscilar entre la novela costumbrista, el boom latinoamericano y la novela de culto de Andres Caicedo, ¡Que viva la música!.

Hasta ese momento en Colombia, nadie había intentado nada similar. Nadie se había autorretratado en tantos papeles, ni explorado tan a fondo, en apariencia juguetona y surrealista, los “oficios, dignidades y posturas” mencionados por González.

Tampoco existían ejemplos de un uso desprejuiciado e  intermedial de la fotografía, al combinar la pintura, el collage, la toma directa y el coloreado en una misma imagen fotográfica.  Es decir, con la misma habilidad con que la artista podía saltar de un personaje a otro, igualmente podía combinar postales de las gráficas molinari, papel de regalo, imágenes de cajitas de fósforos, y a ella misma, vestida con hábito, minifalda y bikini.

A diferencia de la mayoría de artistas de profesión, y esto podría explicar su enorme versatilidad y uso desprejuiciado de medios y motivos, Bonilla venía de la actuación -había sido entre muchos otros papeles, la monja enfermera de Pura sangre de Luis Ospina-, y había trabajado como fotógrafa y publicista, ejerciendo las tres profesiones a la vez, sintetizando cada una de ellas en su trabajo como artista visual.

El Colombia color no sería lo mismo sin el amplio homenaje a la arquitectura colombiana que hace Bonilla, escogiendo para cada una de sus personajes, un lugar tan icónico como ellas mismas:  La viuda Carmen en el cementerio central de Bogotá. La avioneta aburrida en el icónico bailadero de salsa La teja corrida. La señorita Amanda en un viejo caserón. La cándida Eréndira en el portal de una mansión en el barrio Manga en Cartagena. Todas ellas haciendo parte de una “Fotografía de sueños”, título original de la exposición realizada por la artista en 1980 en la galería Diners de Bogotá.

En ese momento, Bonilla explicó su proceso creativo:

“Para estas fotografías siempre en blanco y negro, he utilizado una cámara Pentax de 35mm y un trípode, que me permite sostener la cámara puesta en automático cuando salgo corriendo a posar para interpretar los personajes. Otras veces me disfrazo, y es mi marido Luis Crump, quién hace las fotografías (…) No amplío la foto escogida con un papel corriente de fotografía, sino que utilizo una película de artes gráficas llamada Kodalith, que hace las veces de papel; Es decir, coloco esta película que es prácticamente un acetato emulsionado en lugar del papel y revelo y fijo normalmente.  El resultado, y usted lo verá si hace la prueba, es una copia con buenos grises, unos negros muy marcados, pero tiene algo más que no logramos con el papel corriente:  las partes blancas o claras de la fotografía son transparentes.  Entonces de ahí en adelante coloco por detrás del acetato los colores que quiera, por medio de papeles, láminas, recortes de cosas. Y esa fotografía que antes era blanco y negro, comienza a cobrar vida propia y el Colombia color va apareciendo lentamente, y el diablo de la cajita de fósforos, sale por detrás de la tumba del cementerio donde lloraba “la viuda Carmen”.

 ¡Hay en Colombia una cultura de lo cotidiano que es tan bella y dice tanto de lo que somos como pueblo! 

Así, utilizando estas tres formas básicas de expresión: la fotografía, la actuación y la cultura de lo cotidiano es como he llegado a esta primera muestra que he llamado “Fotografía de sueños.”

Para esta reedición de sus trabajos hemos escogido las cajas de luz ó backlight, como soporte que permite la iluminación “desde atrás” -traducción literal del término-, para recrear y hacer visible el proceso de ensamblaje de imágenes, escogido por la artista.

Esto,  con la intención de hacer visible sus inteligentes soluciones visuales, propias de alguien con una sofisticada capacidad de edición, una colorista talentosa y una comentarista aguda de la sociedad colombiana y del papel de la mujer en ella, que con inmensa modestia declaró sobre su trabajo: “ Me di cuenta que definitivamente no tenía mayores habilidades para pintar ni dibujar, de tal manera que resolví pegar por detrás las cosas que me gustan.”

 

Santiago Rueda Fajardo

Curador de la exposición

Patricia Bonilla y la Gráfica Molinari

En el repertorio de elementos visuales que utiliza Patricia Bonilla en el Colombia Color, se encuentran recortes de las láminas de Gráficas Molinari, imprenta fundada en Cali en la década de 1950 por Antonio Molinari, un taller que reprodujo por más de 40 años láminas decorativas y devocionales de bajo costo y amplia circulación, creando un particular imaginario que desde la década de 1960 hasta hoy,  han sido utilizado por diversos artistas para comentar visualmente, el imaginario popular.

Los escenarios en los que Bonilla actúa, incluyen figuras y fragmentos de paisajes de estas láminas, que se destacan por los colores vívidos y anecdóticos obtenidos por el proceso de foto cromolitografía.

En La avioneta sentada, por ejemplo, Bonilla se retrata sobre las mesas apiladas del hoy extinto bar de salsa La teja corrida en Bogotá, y detrás de ella inserta fragmentos de imágenes sagradas de Molinari, en concreto el Ánima sola y la Pasión del señor.

Estas obras de Bonilla, partían del Kodalith, una copia en acetato donde las partes blancas o claras, que son transparentes, permiten utilizar libremente el fondo para la aplicación del color y el uso del collage. Utilizado por los talleres de artes gráficas, entre ellos Gráficas Molinari, el Kodalith permitía por las mismas razones, fijar el lugar del ícono en la composición -fuese religioso ó vernáculo- y definir las zonas de color para su reproducción. Es decir que curiosamente, Bonilla utilizaba la misma técnica del taller de gráfica con sede en Cali, con fines muy diferentes, pero ulteriormente, siempre para parodiar, celebrar y homenajear al taller de Antonio Molinari.

En ésta sección, gracias a la generosa colaboración de José Ruiz Diaz, se presentan ejemplos originales de varias imágenes del hoy extinto taller de Molinari, utilizadas por la artista, junto a ejemplos del Kodalith original, lo que nos permite observar la aplicación diversa, tecnológica y artística, de un medio hoy en desuso.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *