Descubrimientos recientes permiten afirmar que la historia del dibujo en el territorio colombiano comenzó hace cerca de 20 mil años cuando grupos de cazadores recolectores llenaron las paredes rocosas de la serranía del Chiribiquete con su arte rupestre compuesto de más de 75000 pinturas, signos y dibujos. Pasando por los milenios donde abunda la cerámica precolombina y la decoración de cuerpos, tras la llegada de los españoles surgen los primeros dibujos sobre papel, de los que el Museo de Arte Colonial de Bogotá guarda una particular colección, única dentro del arte colonial americano, atribuida a Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, destacado pintor santafereño.  Posteriormente en 1783 se crea en Mariquita la primera Escuela Gratuita de Dibujo, como parte del proyecto del Sabio Mutis y su Real Expedición Botánica, escuela que es trasladada a Bogotá siete años después.

El proceso formativo del dibujo botánico se corta por las Guerras de Independencia y desde ese momento hasta la creación de la Academia Gutiérrez abierta por el pintor mexicano Felipe Santiago Gutiérrez en 1872, los pintores de ese periodo desarrollaron su talento de manera autodidacta con escasas fuentes de información, floreciendo una pintura ingenua cuyos temas eran la recreación de las gestas de independencia, los retratos miniatura, las visiones bucólicas del paisaje y el acercamiento al naturalismo hecho en los llamados cuadros de costumbres. El autodidactismo local se enriquecería gracias al paso de los pintores viajeros, alguno de ellos educados en las academias de arte europeas que estaban en todo su esplendor. Entre los pintores costumbristas de ese periodo el más destacado fue el pintor autodidacta Ramón Torres Méndez y con uno de sus dibujos, realizado por los tiempos de la Academia Gutiérrez, comienza cronológicamente la curaduría en Blanco y Negro, tres siglos de dibujo en Colombia, compuesta en buena parte por obras pertenecientes a los acervos del Museo, completada con algunos prestamos de artistas y coleccionistas privados.

En esta oportunidad se ha querido proponer una mirada sobre los dibujos de la colección de acuerdo a su función, en concordancia con estudios recientes sobre esta materia. Para la Sala 2 se reunieron aquellos dibujos que fueron creados como obra autónoma, la mayoría a partir de 1970, momento en que para el historiador Juan Ricardo Rey-Márquez aparece el dibujo como obra final. En la sala 4 se escogieron los dibujos realizados como trabajo preparatorio para pinturas posteriores; desde el dibujo de Ramón Torres Méndez, posiblemente estudio para hacer luego una litografía, hasta los dibujos de Ana Mercedes Hoyos, que son a su vez, estudios para pinturas al igual que obras independientes. Finalmente, en la sala 5, los dibujos que hacen parte del proceso de aprendizaje o estudio de la forma humana, los apuntes del natural y el entorno, popularmente llamados estudios académicos.

Desde dibujos realizados en la segunda mitad del siglo XIX hasta obras firmadas este mismo año por autores tolimenses, el recorrido por estos tres siglos permite ver el desarrollo y evolución del dibujo sobre papel en Colombia, la manera en que la mayoría de ellos enfrenta la figura humana, los recursos que utilizan y los ricos mundos personales que se develan en estas obras principalmente monocromáticas.

Artistas participantes en la exposición:

Ana Mercedes Hoyos (Bogotá 29 de septiembre de 1942 – 5 de septiembre de 2014), Andrés Camilo Rodríguez Ibarra (Prado – Tolima 27 de enero 1997), Antonio Barrera, Alejandro Obregón (Barcelona 1920, Cartagena 1992), Coriolano Leudo (Bogotá 1866 – Villeta 1957), David Manzur Londoño (14 de diciembre de 1929), Darío Morales (Cartagena 6 agosto 1944 – Paris 21 marzo 1988), Darío Ortiz Robledo (Ibagué 12 septiembre 1968), Edgar Negret (Popayán 11 octubre 1920 – Bogotá 11 octubre 2012),  Enrique Grau Araújo (Panamá 18 de diciembre de 1920 – 1 de abril de 2004, Bogotá),  Epifanio Garay (Bogotá 9 enero 1849 – Villeta 8 octubre 1903),  Eivar Moya (Valledupar, Cesar 1970),  Félix Ángel,  Franklyn Ramos,  Federico Rodríguez,  Fernando Botero (19 de abril de 1932 Medellín),   Fidolo A. Gonzáles Camargo (Bogotá 20 septiembre 1883 – Sibaté 23 agosto 1941),   Francisco Antonio Cano (Yarumal, Antioquia 1865 – Bogotá 10 Mayo 1935),  Inés Acevedo Biester,  Iván Rodríguez,  John Jairo Castro Parra (Purificación – Tolima  23 de Septiembre 1977), Jonathan Saavedra (Ibagué 6 de mayo de 1991),  Juan Cárdenas Arroyo, Jorge Botero Lujan,  Luis Caballero Holguín (Bogotá 27 agosto 1943 – Bogotá 19 junio 1995),  Luis Felipe Cifuentes (Ibagué 1987) , Mariana Varela (Ibagué 1947), Mariana Benjumea, Mario Lafont (Ibagué, Tolima 1942 – 1999 (julio 7)), Mónica Meira (Londres, 1949), Natalia López (La Reina) (Bogotá 29 de marzo de 1978), Oscar Rodríguez Naranjo (Socorro 1907 – Bucaramanga julio 2006), Pedro Alcántara Quijano (Bogotá 19 de octubre de 1878- 26 agosto 1953) Peregrino Rivera Arce (Buga 1868, Bogotá 1948), Pedro Alcántara,  Rafael Penagos, Rafael Ortiz, Ricardo Acevedo Bernal (Bogotá 4 mayo 1867 – Roma 7 abril 1930), Ramón Torres Méndez (Bogotá 29 agosto 1809 – Bogotá 16  diciembre 1885), Santiago Páramo (Bogotá 1841 – Bogotá 15 julio 1915), Santiago Cárdenas Arroyo (Bogotá 1937) y Sair García.  

 

  • Sala 2
  • Sala 2
  • Sala 4 y 5

En el arte moderno y contemporáneo colombiano, al igual que el internacional, han existido figuras que han podido realizar sus carreras desarrollando el dibujo a la par de su obra pictórica y usarlo para fines muy variados, como es el caso de Juan Cárdenas, o David Manzur, dibujantes virtuosos en los que el dibujo ha sido el gran rival de sus propias pinturas.

Pero con el surgimiento de las vanguardias europeas se hizo cada vez más frecuente que los dibujos no estuvieran ligados al proceso de las pinturas, sino que fueran realizados como obras autónomas. Este proceso comienza a notarse en el arte colombiano desde mediados del siglo XX y cobra un papel protagónico hacia la década del setenta cuando incluso muchos artistas, eligieron las técnicas de dibujo como el centro de su producción plástica, y los dibujos como obra final. En el desarrollo de este proceso sobresalieron los dibujos autónomos que realizaron  desde los sesenta Enrique Grau y Fernando Botero entre otros artistas modernos, pero es realmente en la década de los setenta y hasta mediados de los ochenta que surge una generación donde su obra sobre papel va incluso a anteponerse a la realizada sobre lienzo; son ellos, Luis Caballero, Darío Morales, Santiago Cárdenas, Oscar Muñoz, Miguel Ángel Rojas, y Ana Mercedes Hoyos, todos inmersos en las tendencias internacionales del regreso de la figuración realista, del hiperrealismo y de la apropiación de la fotografía como recurso previo para la elaboración de sus obras.

Tiempo en el cual se nota con mayor fuerza el aumento y la presencia de las mujeres en la plástica nacional, representadas en esta sala por dos grandes figuras de ese momento histórico: Mónica Meira, y Mariana Varela, que, habiendo sido protagonistas con su realismo, hoy nos traen sus elaborados dibujos de imaginación. 

Al igual que lo hiciera la tolimense Mariana Varela, Natalia López y la joven Ibaguereña Mariana Benjumea han elegido el dibujo como el eje central de toda su obra, demostrando el renaciente interés que ha surgido en el arte contemporáneo por el dibujo, pese a que ya no se encuentra en el eje principal de la formación del artista visual. 

Curaduría: Darío Ortiz Robledo, Luis Fernando Bautista y Cristhian Moreno

En el arte moderno y contemporáneo colombiano, al igual que el internacional, han existido figuras que han podido realizar sus carreras desarrollando el dibujo a la par de su obra pictórica y usarlo para fines muy variados, como es el caso de Juan Cárdenas, o David Manzur, dibujantes virtuosos en los que el dibujo ha sido el gran rival de sus propias pinturas.

Pero con el surgimiento de las vanguardias europeas se hizo cada vez más frecuente que los dibujos no estuvieran ligados al proceso de las pinturas, sino que fueran realizados como obras autónomas. Este proceso comienza a notarse en el arte colombiano desde mediados del siglo XX y cobra un papel protagónico hacia la década del setenta cuando incluso muchos artistas, eligieron las técnicas de dibujo como el centro de su producción plástica, y los dibujos como obra final. En el desarrollo de este proceso sobresalieron los dibujos autónomos que realizaron  desde los sesenta Enrique Grau y Fernando Botero entre otros artistas modernos, pero es realmente en la década de los setenta y hasta mediados de los ochenta que surge una generación donde su obra sobre papel va incluso a anteponerse a la realizada sobre lienzo; son ellos, Luis Caballero, Darío Morales, Santiago Cárdenas, Oscar Muñoz, Miguel Ángel Rojas, y Ana Mercedes Hoyos, todos inmersos en las tendencias internacionales del regreso de la figuración realista, del hiperrealismo y de la apropiación de la fotografía como recurso previo para la elaboración de sus obras.

Tiempo en el cual se nota con mayor fuerza el aumento y la presencia de las mujeres en la plástica nacional, representadas en esta sala por dos grandes figuras de ese momento histórico: Mónica Meira, y Mariana Varela, que, habiendo sido protagonistas con su realismo, hoy nos traen sus elaborados dibujos de imaginación. 

Al igual que lo hiciera la tolimense Mariana Varela, Natalia López y la joven Ibaguereña Mariana Benjumea han elegido el dibujo como el eje central de toda su obra, demostrando el renaciente interés que ha surgido en el arte contemporáneo por el dibujo, pese a que ya no se encuentra en el eje principal de la formación del artista visual. 

Curaduría: Darío Ortiz Robledo, Luis Fernando Bautista y Cristhian Moreno

El dibujo durante siglos fue el centro de la educación de las Bellas Artes y parte fundamental en el trabajo y aprendizaje de todo artista plástico, puesto que era la única manera de tomar nota de lo que se veía o imaginaba. Era el primer paso para comprender la forma y adaptarla a la superficie plana, y quien dominaba el dibujo, dominaba la forma. El dibujo fue considerado durante siglos la manera más rápida y efectiva para expresar una idea, poderla concretar y transmitir. Las casas, los carros, y gran parte del mundo que nos rodea fue primero un dibujo, incluso las letras de este texto son un dibujo que aprendimos a leer y podemos repetir, porque el dibujo permite recordar lo que vemos, caracterizarlo, transformarlo; permite acercarse a la imagen real o alejarse de ella voluntariamente. Dibujar es pensar, pero también es sentir y expresar de ahí su importancia y su permanencia. 

Por eso no era fácil concebir la pintura sin dibujos previos como herramienta básica que los pintores utilizaban para acercarse a la idea que realizarían a partir de estudios, bocetos y apuntes del natural y, hasta mediados del siglo XX, la gran mayoría de los dibujos realizados estaban ligados a esas prácticas.

 

En la selección de estas salas podemos apreciar el interés en la representación del cuerpo como motivo de estudio, a través del tiempo. Dibujos de modelo realizados en escuelas, academias o sus propios talleres y que van desde Francisco Antonio Cano y Ricardo Acevedo Bernal a finales del XIX, hasta quien fuera un notable paisajista como Antonio Barrera, o el destacado escultor abstracto Edgar Negret. Apuntes callejeros como el de Fidolo Alfonso González Camargo o los dibujos del joven Camilo Ibarra. Dibujos buscando los rasgos de la personalidad en los retratos de Epifanio Garay, Alejandro Obregón o Rafael Penagos. Todos los anteriores realizados del natural, junto a los trabajos de imaginación para la elaboración de sus pinturas como el Caballo de Fernando Botero, que es boceto de un mural antioqueño, o los estudios para cuadros históricos de Acevedo Bernal y los dibujos del padre Santiago Páramo, que prohibía a sus alumnos trabajar del natural. 

La influencia de la fotografía se hace evidente en los dibujos de Peregrino Rivera Arce que seguramente hace su dibujo como una ampliación de una pequeña foto y Ana Mercedes Hoyos, quien realiza calcos apropiándose de la imagen fotográfica transformándola en su lenguaje plástico.

Curaduría: Darío Ortiz Robledo