a unión de los  tres grandes fondos que componen el acervo del Museo de Arte del Tolima permiten abarcar un amplio periodo de la plástica colombiana que muestra el gran cambio en la manera de ver  y hacer el arte desde el mundo precolombino hasta nuestros días. En esta oportunidad hemos escogido cinco hilos conductores profusamente trabajados en nuestra historia del arte para generar diálogos entre obras de momentos muy diferentes de la plástica nacional, que nos ilustran sobre los procesos y las diferentes maneras de ser abordados por quienes se enfrentaron a ellos en los últimos  tres siglos, desde el final del siglo XIX hasta los albores del siglo XXI.

El primer tema: Estudios está basado en las técnicas del dibujo, que hoy han recobrado renovadas energías gracias a las grandes posibilidades de los soportes digitales y de lo que se ha llamado el dibujo extendido. Dentro del gran universo del dibujo, y la amplia colección del museo, se han seleccionado unas piezas en las que pesa la sensación de “Estudio” tan común a los lenguajes plásticos del pasado basados en el rigor del proceso y la búsqueda de la perfección formal.  Así, apuntes de figuras de Francisco Antonio Cano dialogan con estudios de Darío Morales, Alejando Obregón o Edgar Negret junto a la obra sensual de la tolimense Mariana Varela. También podemos ver caballos realizados por el mismo Cano ante un caballo realizado por Fernando Botero durante la búsqueda de su conocido estilo.

 

El Retrato es el segundo tema elegido, transformado para siempre por el surgimiento de la Fotografía durante el siglo XIX y hoy inmensamente popularizado por el extendido uso de las selfies.  La obra de Epifanio Garay  el más famoso retratista del periodo académico decimonónico al lado de Luis Alberto Acuña promotor en los años cuarenta de la incipiente modernidad con el grupo Bachué y claro crítico de los rezagos académicos de ese entonces. La instantánea imagen dibujada a lápiz por Luis Caballero frente a su modelo, junto al retrato litográfico de la madre de Oscar Muñoz y  la instantánea fotográfica del tolimense Arsecio Zambrano asesinado hace pocos años en su casa cerca de éste lugar.

La mujer, el tercer tema, su cuerpo y su imagen vista desde el rigor descriptivo de Pantaleón Mendoza, talentoso pintor académico que competía con Garay y que moriría en el sanatorio de Sibaté tras perder la cordura; hasta la abstracción absoluta en las manos de Marco Ospina quien fuera el primer pintor abstracto colombiano. De mediados del siglo XX el antioqueño Eladio Vélez nos muestra una modelo europea posando en su estudio florentino mientras el tolimense Julio Fajardo, uno de los grandes negados por Marta Traba, nos deja el recuerdo bucólico de las aguadoras, un oficio rural hoy casi desaparecido.

Recurrente en nuestra historia y en nuestro arte, La violencia configura el cuarto núcleo temático. Allí todos los artistas se unen en una sola voz: la voz crítica frente a hechos macabros. Las obras escogidas producidas casi al calor de los acontecimientos denuncian diferentes clases de violencia, la violencia política, reflejada en la obra de Carlos Granada, la violencia de género denunciada por Claudia Ortiz y la violencia sobre los menores reclutados por la guerrilla en los trabajos de Darío Ortiz, todos ellos tolimenses, al lado de ese símbolo de las crónicas políticas de nuestro tiempo como lo es Beatriz González.

Finalmente el quinto tema, El bodegón, muestra el gran salto en las formas de representación que se dio durante el siglo XX desde los naturalismos y realismos de Oscar Rodríguez Naranjo y Gabriel Montoya al modernismo de Enrique Grau y de allí al particular Pop de Beatriz González con el que se inaugura en Colombia el arte conceptual.

Cinco formas diversas para apreciar tres siglos de arte Colombiano en una pequeña selección de una colección incluyente que no ha dejado de crecer ni un solo día y que en la actualidad cuenta con centenares de piezas ávidas de espacio.