Este proyecto reúne la mirada de mujeres artistas, quienes exploran la relación existente entre el río y lo femenino, representado en la Mohana, personaje de la mitología ancestral del sur del Tolima.

En la cosmogonía indígena del alto Magdalena, la Mohana junto con el Mohán, viven en lo profundo de las fuentes de agua dulce, en las cuevas y oquedades húmedas que comunican el mundo de los seres humanos con el inframundo; además de ser los dueños de los peces y los encargados de mantener el equilibrio de este nivel y el recuerdo vivo de los ancestros indígenas.

Las propuestas artísticas exploran a través de diversos lenguajes, la correspondencia entre los conceptos de agua- vida, naturaleza-madre, enfermedad –curación, tierra-alimento; desde los imaginarios de nuestra cultura. A su vez la preocupación por el deterioro y la contaminación de nuestros ríos, llevada a cabo día a día por diferentes instancias, tanto por empresas estatales como particulares, y que poco a poco agotan las fuentes hídricas naturales hasta llevarlas a condiciones extremas.

Desde diferentes enfoques, las artistas quieren vindicar y homenajear la Mohana, personaje mitológico olvidado en nuestra cultura, que representa la fuerza creativa de la vida, la inteligencia y la sabiduría femenina, imprescindible en estos días para resolver y superar los errores y las desavenencias del proceder humano en torno al medio ambiente.

Exposición Mohana – Espíritu del Río

Artistas y obras

Buen Maíz  

Francy Forero

El maíz fue un elemento primordial en las culturas prehispánicas, para quienes era un regalo de los Dioses que simbolizaba la fertilidad, la abundancia y la vida, lo que convierte al maíz, en una representación femenina.

En esta obra, el maíz se transforma en un símbolo de apropiación del cuerpo femenino y su sexualidad, cargado de la eroticidad de nuestras mujeres ancestrales, cacicas, estrategas, fuertes, aguerridas, luchadoras y dadoras de vida; no en vano, nuestros antepasados indígenas, las describían como un “un buen maíz, un buen pan”.

Esta obra está compuesta por 27 piezas escultóricas en cerámica cada una alrededor de 20 cm con forma de maíz, puestas aleatoriamente sobre 4 costales de fique cuyo soporte es el piso y que ocupan un espacio aproximado de 2 x 3 metros.

Para elaborar esta obra, se utilizó la técnica ancestral de quema de cerámica por reducción en leña, con posterior ahumado para su acabado final.

Cosmogonías

Colectivo Ima

IMA significa tierra en lengua pijao, IMA es la arcilla y es la materia prima de nuestra obra.

Este trabajo reinterpreta el mito de origen del pueblo Pijao y los 7 niveles que componen su cosmogonía.  Dos niveles acuáticos, un nivel de la tierra y cuatro niveles del cielo. Las entidades que habitan esos espacios: Lulumoy, Locombó, El Mohán, La Mohana, El maíz, animales y plantas, los astros y el dios Tai o sol entre otros.

De La Serie Desolvidar

Carolina Molina

La transformación de la mente y el cuerpo intervenidos por el paisaje, el redescubrimiento de la espiritualidad y la resistencia física.  Además de la aplicación de profundos estados sensibles de conciencia, para lograr una conexión física y mental con el entorno.  La búsqueda de la identidad y el encuentro con el territorio.

De-Construir-Habitar

Paola Varón

Es una propuesta para de-construir la noción de habitar, se reúnen materias orgánicas del territorio y se hace una intervención de pintura en acción frente a la cascada donde se da el encuentro de 4 elementos que intervienen en el paisaje a manera de ritual y pagamento a la naturaleza.

Finca Raíz

Edith Rocío Rodríguez

Finca raíz es un proyecto que conjuga desde preguntarnos como entender la naturaleza y su relación con el hombre a partir de la des configuración y fragmentación de las tierras en la zona rural cerca de la ciudad. Encausando en el imaginario de la intervención de territorios es cada vez mayor, en un mercado que crece con gran rapidez, por las formas en que las constructoras y el capitalismo de finca raíz hacen uso de él. Como lo propone Louis Wirth, en “Urbanismo como modo de vida”. Por ello en FINCA RAIZ, encontramos una instalación, comprendida de un estante metálico, con frascos de vidrios que almacenan en su interior porciones de tierra viva, en forma de cuadros y rectángulos que se refiere a la fragilidad de su contención. Cada frasco va en el estante metálico expuesto al mejor postor y a la mejor oferta del mercado. Desde la historia del ser humano como constructor de sus propios tejidos y espacios que se expanden, configurando valores no sostenibles para la vida misma, es el afán de encontrar esa parte de tierra que se complejiza convirtiéndola en ese habitar de tierra que soñamos.

Las Lágrimas De Burila

Gloria Del Pilar Garzón

Cuenta la leyenda, que las lágrimas de amor vertidas por la cacica Burila, se transformaron en las fabulosas ostras de agua dulce del río Opia en el municipio de Piedras. Su dolor surge al enterarse de la muerte de su amante, a manos de su contrincante, quien lo asesina con un dardo envenenado.

Este relato pone de manifiesto la interpretación mito poética del paisaje y la naturaleza, desde el pensamiento de los pobladores ribereños, que ven en las excepcionales ostras de agua dulce del río Opia, no solo un recurso material para la subsistencia, sino también un componente mítico esencial, que sirve como elemento identitario y de cohesión para esta población.

El departamento del Tolima se encuentra desde hace años, en una grave crisis ambiental, que ha ocasionado que los ríos y las especies nativas como la ostra de agua dulce (Acostaea rivoli) del río Opia, está al borde de la extinción.   Desde hace décadas, se han intervenido y contaminado las fuentes hídricas del departamento, gracias a la agricultura extensiva, el vertimiento de desechos industriales, los malos manejos de los ecosistemas y la indiferencia de las autoridades competentes.

El lamento del río Opia, surge a través del canto de las ostras y del crujir de la cerámica, como el aliento final de un río que agoniza.

Contracorriente

Diana González

 La vida y la muerte en el conflicto han perdido la esencia que les daba significado, la banalidad de la guerra nos deja habitando en la cotidianidad de la barbarie, es la persistencia y reacción de la vida la que se mantiene en contracorriente.

El Río Grande de la Magdalena se extiende por el territorio colombiano como una pulsión de vida, su paisaje, fuente de admiración, contrasta con la otra parte de nuestra historia que se presenta con preguntas sin respuesta como ¿Dónde están?; la maquinaria de la guerra avanza sin pausa en el tiempo y convierte al río en un agente facilitador del desvanecimiento de la verdad.

La condición natural del río es alterada por la pulsión de la muerte, y es aquí donde nace este performance, que registra la acción de un cuerpo que se sumerge en el paisaje, para ser paisaje.

La desaparición que es ausencia y vacío se presenta en el río, su tiempo y linealidad ante la intención de la catástrofe se contrapone a la necedad de la memoria de quienes  recuerdan y buscan.

Este cuerpo vivo resiste la fuerza del elemento con el que se encuentra; el paso del río se convierte en el tiempo que fluye imparable, en el que cuerpo resiste como testigo desde el presente.

Mama Yaku

Diana González

Mama Yaku (madre agua), es el nombre que le dan algunos habitantes del macizo colombiano a la laguna de la Magdalena, cuerpo de agua que se encuentra en el suroccidente del país, en territorio del parque nacional natural Puracé, a 3.327 metros sobre el nivel del mar.

Cuentan los pobladores que mama Yaku, suele ser caprichosa y se cierra con neblina y lluvia cuando no quiere ser vista, esto sumado a las difíciles condiciones del terreno y la afectación de ecosistema por las diferentes variaciones del entorno, da un especial valor a los registros logrados cuando mama Yaku así lo permite. Producto del misticismo presente en los deseos de mama Yaku nace esta reflexión con el paisaje, y cómo desde las diferentes técnicas se logra registrar el tiempo, pero se sigue mostrando una representación, no la captura del tiempo per se.

En este proyecto tomo pequeñas muestras del paisaje del páramo y las presento como fotogramas del momento que mama Yaku me permitió extraer, cajas de agua de la laguna que responden al instante en el que nos encontramos.

Como una extensión de las reflexiones de Cézanne “el hombre ausente, pero por completo en el paisaje”, en esta serie de fotogramas sobresale el material de la mediación del dispositivo, el agua en ese instante, extendida desde su origen al punto de encuentro con el espectador.

Esta es mama Yaku, el retacito de una madre poderosa que es afectada por cada ser vivo, nosotros la vemos y también ella a nosotros.

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