Distorsiones de Asfixia

Bastan unos minutos frente a la obra objeto de este texto para sentirnos inmersos en las pinturas que evocan intimidades en espacios de meditación y quietud. Las memorias que nos comparte Nicolás Beltrán, son instantes conservados en secuencias premonitorias de formas, hallazgos fantásticos en cirros acuáticos donde cada gesto nos invita a vernos reflejados en la otredad: ese espejo producto de la interacción con las otras existencias.

Artífice de ensueños incrustados en ambientes de vapores humeantes y halos que funden el cuerpo con el pensamiento, recreando reconciliaciones propias y ajenas, visiones líquidas del cuerpo que se hace uno con el espacio, la sombra y el reflejo sugiriendo reflexiones no totalmente develadas ante el espectador curioso y desprevenido que no advierte los límites de la generosidad de un artista que hace pública su introversión, conciliando las sutiles líneas entre lo subjetivo y lo universal; cuidadoso de cada detalle asimilado, el pintor omnisciente, hace alarde de su capacidad para recoger la autenticidad de las vivencias que logra con sus manos.

En estas obras el narciso no es preso de su reflejo, ni muere ahogado en esa ya gastada interpretación del mito.

Alejandro Garcés, Curador Museo de Pereira.

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